Francisco Peral, antiguo profesor del IES San Fulgencio, recuerda en este artículo su paso por el centro. Somos muchos los alumnos y alumnas que a día de hoy recordamos sus clases de Latín y de Griego. Muchas gracias, Paco, por estas líneas en las que expresas tu emocionado recuerdo.
DIEZ AÑOS PARA ENCONTRAR ÍTACA
Francisco Peral, antiguo profesor del IES San Fulgencio, recuerda en este artículo su paso por el centro. Somos muchos los alumnos y alumnas que a día de hoy recordamos sus clases de Latín y de Griego. Muchas gracias, Paco, por estas líneas en las que expresas tu emocionado recuerdo.
Con esta expresión se alude a un período de tiempo, que expresa mediante una metáfora el verdadero sentido de la vida, el valor de aprender mediante aventuras y experiencias, que acumulamos en el tiempo.
En septiembre de 1990 me presenté por primera vez en el I. B. San Fulgencio de Écija. Con la llegada del nuevo milenio, me despido de esta plaza, utilizando el argot del lenguaje taurino, que en esencia expresa mucho en pocas palabras.
En el curso 90-91 tuve que esforzarme bastante para intentar introducirme en un centro variopinto, donde no era fácil encajar. Para mayor desgracia cuando conecté con un compañero venerable, el párroco Rafael María Galán Maestre, persona entrañable con buen fondo, generoso y muy humano, recibo una llamada telefónica de la conserje. La noticia fue dura: Don Rafael se entierra esta tarde en los Palacios. Sabíamos de su padecimiento de próstata, pero no esperábamos que fuera fulminante.
En los años posteriores, conocí a muchos compañeros. En el curso 92-93, fui desplazado a la Extensión del I.B. San Fulgencio, donde sólo estuve ese año académico. A partir del año 93-94 pasé al nocturno, hasta el curso 1999-2000. Por tanto, lo que recuerdo con más fuerza, es la etapa de 7 años consecutivos en el Nocturno, de los cuales los 5 años últimos asumí el cargo de jefe de Estudios. Al haber un requisito legal, por el cual los alumnos deben tener 18 años cumplidos, daba la impresión de que tratabas con personas adultas, sin embargo, la realidad era otra. Muchos de estos alumnos tenían grandes carencias y poca madurez, aun así, fue una etapa muy intensa y aprendí muchísimo.
Pasados varios años, llegamos al curso 97-98. Una noche de febrero de 1998, recibimos una llamada telefónica desde un Hospital; era la esposa de Fernando Aguirre, mi compañera de Dpto. y amiga, Argeli , el comunicado era durísimo, acaba de fallecer Fernando. Todavía recuerdo el impacto que me causó recibir esa noticia, pues el día anterior estuve en el Hospital viéndolo. Aunque debo manifestar que me encontré a Argeli rota, desmejorada y agotada, presintiendo la inminente partida de su marido.
Dejando atrás los aspectos más luctuosos de mi paso por el I.B. San Fulgencio, y todavía en el curso académico 97-98, recibo una petición de los alumnos del Nocturno que me inquietó, pero que atendí de inmediato. Solicitan organizar una gran fiesta que coincida con la llegada de la primavera. Creedme que fue un verdadero reto. Tras consultarlo con el director, mi buen compañero, Jesús Ostos, éste me dijo: adelante, pero ten mucho cuidado. Alquilamos un equipo de música profesional, y cada curso organizaba su propia cena. Fue una experiencia apasionante, tensa, pero al mismo tiempo preciosa y emotiva. Los profesores nos mezclamos con los alumnos. Estuvimos bailando hasta las 12.00h. Permitimos que los alumnos pudieran tomar cerveza y sangría. ¡Por Dios! Qué recuerdos me trae. En la actualidad, después de tantos años, no sé si sigue implantada esta costumbre, pero me consta que estuvo varios años después de mi partida.
Con el cambio de milenio, pedí traslado, logrando entrar en el I.E.S. La Campiña de Arahal. Esa fue la Ítaca que me encontré, tras diez años navegando en Écija en el área escolar del I.B. San Fulgencio. Pero a diferencia de Ulises, con gran suerte para mí, yo no fui nunca a la deriva, aunque di algunos tumbos en esa travesía.
Qué emotivo es para mí, recordar mi paso por Écija, qué experiencia más intensa y cuanto aprendí. Con los ojos empañados, termino este artículo. Cuando me pidáis cualquier colaboración con el centro escolar, no dudéis en llamarme, me encontraréis. Un cordial saludo para todos, en especial a Carmen Elena, por haberme invitado a participar en esta página y permitirme contar algunas experiencias mías, vividas en Écija y en el I.E.S. San Fulgencio. Hasta pronto.
Francisco Javier Peral Fernández