El Instituto San Fulgencio ha sido un pilar fundamental en mi vida, donde completé mis estudios de BUP y COU. En 1990, regresé como profesora y tuve la oportunidad de reencontrarme con antiguos profesores. Al año siguiente, aprobé las oposiciones y volví a Écija para impartir clases en el nocturno. Posteriormente, me fue asignada una plaza en La Carlota, donde ejercí la docencia durante nueve años. Durante ese tiempo, contraje matrimonio y nacieron mis dos hijos, quienes son lo más valioso en mi vida. Tuve la fortuna de contar con el apoyo incondicional de sus abuelos en su cuidado. He tenido el privilegio de conocer a numerosos colegas, con algunos de los cuales he forjado amistades entrañables.

No obstante, la vida también presenta situaciones difíciles, como la enfermedad de nuestros mayores, experiencias que me han llevado a valorar aún más la existencia y a quienes me rodean. Al cerrar esta etapa profesional, reflexiono sobre el tiempo dedicado y las diversas promociones de alumnos que he tenido el honor de conocer, de los cuales me siento profundamente orgullosa. Algunos de ellos son ahora mis colegas, mientras que otros han alcanzado el éxito en diversas profesiones, como la medicina, la ingeniería, la psicología, la música, y el comercio, abarcando un amplio espectro de vocaciones.

Me siento satisfecha de haber disfrutado de mi labor y de haber compartido tiempo y conocimientos con mis alumnos. He aprendido mucho de ellos, quienes me han contagiado su alegría y vitalidad. Quizás por ello no soy plenamente consciente de mi edad. Quiero animar a todos a luchar por sus sueños y a buscar la felicidad.